jueves, 16 de octubre de 2014

Ecologismo infantil, subdesarrollo y autonomía municipal


El presidente Rafael Correa en una de sus habituales sabatinas relataba que Ecuador está en un nivel de subdesarrollo en el cual: si bien se sabe cuáles son los problemas, no se sabe cuáles son sus causas y por ende no se comprende cómo solucionar los males que aquejan a la sociedad. A modo jocoso relataba que: Ecuador sabe que le duele la muela pero lamentablemente acude al ginecólogo en búsqueda de aliviar su dolor.

La anterior analogía, aunque dolorosa es cierta. Es así que en Ecuador desde el 2007 se estableció una política de precios de hidrocarburos totalmente irresponsable como una supuesta medida anti-inflacionaria. El precio de la gasolina fue congelado en 2 dólares por galón, generando así una política de transporte público que si bien en términos monetarios es muy conveniente para el usuario conlleva un gran costo económico (entiéndase que el costo económico es aquel que va más allá del simple costo contable al tomar en cuenta el costo de oportunidad y la incorporación de los costos asociados a la existencia de externalidades de ser el caso).

Siguiendo dicha política, el actual gobierno ha destinado para el subsidio a la gasolina un total de 4,966 millones de dólares entre el periodo de 2007 y 2013, por lo cual haciendo uso del concepto de costo de oportunidad -comparativo de la cantidad de recursos que se emplean en determinado rubro frente al de las alternativas más rentables que se dejan de realizar-, se puede determinar que el haber mantenido este enorme subsidio le ha costado al país el no contar con 993 nuevos Colegios del Milenio, o el equivalente a 3,3 veces lo que se presupuesto para el Metro de Quito, obra que al parecer tiene graves problemas de financiación ante la apertura de ofertas públicas que rebasan con creces la planificación inicial (Ver Tabla 1).

 Tabla 1 

El otro costo que se debe de tomar en cuenta es el costo de las externalidades. Este costo es más difícil de calcular ya que conlleva a técnicas más sofisticadas de cálculo que comprenden evaluar las pérdidas asociadas al bienestar social, lo cual ocurre cuando individuos consumen cierto bien que puede afectar a terceros de manera indirecta e involuntaria. Para el caso de la gasolina existen externalidades negativas asociadas a: mayores niveles de polución, mayores niveles de congestión vehicular -con sus determinados costos de pérdida de tiempo en los traslados-, además de los asociados a la pérdida de vidas humanas producto de mayores niveles de accidentalidad. Para muestra de lo anterior ver el estudio de CEPAL“El impuesto a la gasolinas, Una aplicación para el Ecuador, El Salvador y México”, organismo técnico que recomienda que Ecuador desmonte el subsidio a la gasolina con el fin de aumentar el bienestar de su población.

Por lo ya visto anteriormente, debería de ser claro que quitar el subsidio a la gasolina es técnicamente lo correcto, sin embargo es recurrente escuchar por parte de quienes hacen o han manejado la política pública en Ecuador el “razonamiento” de que el mantener el precio de la gasolina subsidiado es lo que mantiene baja la inflación. Esto es una falacia, la gasolina se usa sólo marginalmente en los procesos productivos, pues los buses y los camiones de carga funcionan con diesel; siendo fácil diferenciar entre un subsidio al diesel -que si sería prudente mantener con fines antiinflacionarios pese a su alto costo monetario- y otro a la gasolina (Ver Gráfico 1). Este segundo,  resulta sumamente costoso e ineficiente porque en realidad financia un sistema de TRANSPORTE PRIVADO, demandando una alta ocupación de espacio en superficie ya que la tasa de ocupación vehicular es inferior a las 2 personas por vehículo.



Tomando en consideración los datos del Banco Mundial, se observa que subsidiar la gasolina no es necesariamente una buena política anti inflacionaria. Venezuela es un país en donde el precio por galón de la gasolina pasó de 45 centavos de dólar en el año 2000 a 8 ctvs de dólar en el 2012; sin embargo pese a la fuerte caída del precio de la gasolina (-83%) aún mantiene una tasa de inflación anual que no ha bajado de dos dígitos durante los últimos 12 años. Por otra parte durante el mismo periodo en México existió un incremento del 39% en el precio por galón de la gasolina, que evolucionó de 2.35 dólares en el año 2000 a 3.26 en el año 2012 y la inflación se ha mantenido en promedio cercana al 5% anual, lo cual claramente desvirtúa que para mantener una baja inflación se debe de incurrir en subsidios con un alto costo ambiental.

En varias intervenciones, el presidente Rafael Correa ha manifestado que:  El orden mundial es injusto e inmoral ya que el consumo del primer mundo tiene repercusiones ambientales sobre el tercer mundo, este último quien surte al primer mundo de materias primas baratas dado que las grandes multinacionales son las que explotan los recursos naturales a cambio del pago de tarifas insuficientes, pues no toman en cuenta el costo del impacto ambiental que causan. Sin embargo, lo real es que el costo monetario por emitir CO2 asociado a la quema de gasolina en E.E. U.U. o en cualquier otro país del norte occidental es no menos de un 150% superior al costo que se tiene por contaminar en Ecuador, donde el precio del galón de gasolina apenas llega a 2 dólares cuando el precio a nivel mundial del combustible es superior a los 5 dólares por galón. Por lo tanto,  el presidente al mantener el subsidio a la gasolina es uno más de los tantos “ecologistas infantiles” que él tanto critica, habla mucho pero hace poco por tratar de reducir la emisión de CO2.

De hecho el costo por contaminar en Ecuador es muy inferior al de los países vecinos Perú y Colombia, quienes con niveles de desarrollo similar al nuestro cobran a sus ciudadanos 6.18 y 4.85 dólares por galón de combustible, lo cual anula el justificativo de mantener tarifas subsidiadas amparadas en los bajos ingresos de la población. Lo cierto es que desde la ciencia económica la gasolina es catalogada como un bien complementario al del vehículo de uso particular, el cual es un bien de lujo y que sólo está disponible cuando los ingresos de una persona así lo permiten. Según las encuestas de Latino Barómetro, en Ecuador sólo el 22,96% de los hogares cuenta con un vehículo de uso particular, siendo así que este es el medio de transporte que predomina en los hogares de ingresos altos como lo muestra la  tabla 2, lo cual claramente implica que la gasolina es un subsidio regresivo.

Tabla 2.
                                         
El carácter regresivo del subsidio a la gasolina es tal que por ejemplo un individuo que está en capacidad de comprar un vehículo 4x4 como una Ford Explorer, cuyo costo sobrepasa los 50 mil dólares, recibe un subsidio mensual de 181.16 dólares. Entiéndase que para recorrer un total de 20,000 km al año y con un rendimiento de tan solo 23 km por galón, se necesita de 72.46 galones de combustible al mes mientras que el valor del subsidio -acorde al costo de oportunidad de vender un galón de gasolina en el mercado internacional frente a hacerlo en el mercado interno- es de al menos 2.5 dólares por galón.

Comparar el subsidio que recibe el propietario de este tipo de vehículo con el costo de subsidiar a una madre cabeza de familia quien recibe un “Bono de Desarrollo Humano” -50 dólares mensuales- demuestra con claridad lo mal asignado que esta el gasto público y que no basta simplemente con aumentar los rubros presupuestales para salud y educación. Por lo anterior, es notorio que si se puede recortar gastos que claramente son ineficientes, no con el afán de recortar gasto público per se sino con el objetivo de invertirlos de una forma más efectiva, de tal modo que se reviertan las injustas desigualdades sociales (entiéndase que son 252 Colegios del Milenio al año los que hipotéticamente se dejan de construir por mantener el subsidio a la gasolina, en la actualidad son menos de 50 los Colegios del Milenio que están operando.)

Como se ha demostrado en el análisis, subsidiar la gasolina es una receta del ginecólogo para curar un dolor de muela,   pero en honor a "la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad" cabe manifestar que revertir el subsidio a la gasolina es una política que podría ser implementada tanto por el oficialismo como por la oposición, por lo cual, no es justo creer que el único ginecólogo queriendo curar dolores de muela es quien habita en Carondelet. Si bien el presidente por decreto ejecutivo podría recortar el subsidio a la gasolina mediante un alza de su precio, también es cierto que en menos de dos semanas los alcaldes Jaime Nebot y/o Mauricio Rodas, dado a que cuentan con mayoría en sus respectivos consejos, podrían revertir el subsidio a la gasolina colocando una tasa a este bien y de esta forma hacer uso del poder autonómico que el COOTAD les dio.

Esta segunda solución, sería incluso económicamente más eficiente pues aumentaría la autonomía financiera de las grandes urbes en Ecuador. Con una tasa a la gasolina -transporte privado-, ambos municipios podrían financiar el subsidio de medio pasaje para los estudiantes y la tercera edad, estableciendo así las respectivas compensaciones para los prestadores del transporte público, que con todo derecho y ante la ausencia de subsidios para sus labores exigen un alza de pasajes a una tarifa que no se ha incrementado por más de 10 años, lo que les ha obligado a brindar un servicio de pesima calidad incurriendo en la competencia del centavo que finalmente perjudica al ciudadano por lo famosos correteos.

Así mismo, una tasa municipal a la gasolina generaría mayores recursos para financiar mecanismos de transporte público y vialidad tales como: el Metro y los 4 metro-cables, que Mauricio Rodas oferto en campaña electoral, o los 4 puentes para conectar a Guayaquil con Durán más una extensión de la Metrovía, que visiblemente se encuentra colapsada. Estas obras son con creces más importantes para la calidad de vida de los ciudadanos del común que el cuidar el bolsillo de los pocos propietarios de vehículos 4x4, por lo tanto se les agradeceria a las autoridades de turno que piensen un poquito más allá del costo político, Ecuador debe y merece desarrollarse, finalmente cambiar el futuro del país no es una decisión técnica, es una decisión política que acarrea costos políticos.


Banco Mundial
Banco Central del Ecuador
Latinobarómetro


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